miércoles, 25 de junio de 2008

Y Abdy llegó a nuestras vidas...

El día que me masturbé en tu sofá entraba un rayo de sol por la ventana. Bajo una sucia y harapienta manta mis dedos tocaron la onanista sinfonía mientras mi piel aún conservaba el aroma del ritual de apareamiento perpetrado la noche anterior. Mi naturaleza ansiosa no pudo esperar tu inminente llegada y la mañana asistió a la culminación exaltada de tu memoria.

El día que me masturbé en tu sofá, nuevos camellos llegaron de tierras lejanas...

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