Siempre he renegado de la siesta. Mi frase favorita era "Ya dormiré cuando muera". Sin embargo, he de reconocer que la siestaza que me pegué ayer, empalmando con la noche, fue una de las mejores cosas que me han pasado últimamente. Me acosté a las seis de la tarde, y me he levantado a las ocho de esta mañana. Exceptuando la llamada de diez minutos de la Truchi a las ocho, he dormido 14 horas del tirón, y hay que ver lo bien que me ha sentado.
Me gusta Ciudad Condal en verano. Las calles desiertas. Se circula de vicio. Aparcamiento para aburrir. ¡No hay niños por la calle! La sede está desierta. El teléfono no suena. Me gustaría vivir eternamente en agosto. La única putada: el estanco de al lado está cerrado. Ojalá el estanquero se pudra en el infierno. Que el Can Cervero le arranque las vísceras. Que los cuervos le coman los ojos. Que las ratas le roan la lengua.
No hay comentarios:
Publicar un comentario